Hace tres meses me mudé a un barrio donde, los primeros días, sentí que había dejado olvidado algo en mi casa anterior. No sabía que era, pero revolvía los paquetes y los bolsos. No sabía que buscaba pero tenía la certeza que algo había dejado en el departamento de Julián Alvarez y Gascón.
Era imposible, porque había recorrido el lugar minuciosamente al entregarlo al propietario.
De todas maneras, pasaban los días y la certeza era cada vez más grande. Algo había quedado en Palermo.
Como ocurre en estos casos cuando dejé de buscar descubrí lo que faltaba.
Una mañana, una fresca y agradable mañana de septiembre, al despertarme y disfrutando un rato más del mediosueño que antecede al momento de levantarse, no escuché lo que escuchaba en mi casa anterior.
Mis oídos se habían acostumbrado a los bocinazos, rugidos de los motores de tres líneas de colectivos, y las puteadas de los autmovilistas que giraban sin sentido en la extraña rotonda que el gobierno de la ciudad había construido bajo mi ventana. Ahora todos esos ruidos estaban ausentes.
En esa mañanita de septiembre, un fresco silencio se matizaba con el canto de algún pájaro y el lejano ladrido de un perro que seguramente reclamaba su desayuno.
Me inquieté cuando noté que mis oídos extrañaban aquel barullo y pensé que tendría que reeducarlos para que gustaran de ese silencio que muchas veces se hace insoportable para el que no está acostumbrado a convivir con él.
Y pensé en el porteño medio, que ya ha naturalizado vivir en el caos de una ciudad turbulenta, histèrica, ruidosa y agresiva. Encima cuando quiere huir de ella por un rato termina embotellado en una ruta que va a la costa o al Tigre.
Por suerte, mis oídos ya están comenzando a disfrutar los atardeceres en el balcón de mi nueva casa. Es que si uno aprende a escuchar, el silencio no es ausencia de ruido, sino música quieta, melodía inmóvil, disfrute sonoro. Y el sonido del silencio es una de las mejores caricias que le podemos dar al alma.
Pintando las trincheras.
"Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra". José Martí
viernes, 22 de noviembre de 2013
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Vos podés
Vos podés
Cortito y clarito
Homenaje de la titiritera Elena Santacruz a los maestros en su día.
http://www.youtube.com/watch? v=h98pPEbkEi0
Cortito y clarito
Homenaje de la titiritera Elena Santacruz a los maestros en su día.
http://www.youtube.com/watch?
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Mi primer 11 de septiembre fuera de la trinchera
Hoy es el primer 11 de septiembre desde hace cuarenta años que no festejo mi día dentro de la trinchera.
El primer festejo lo tuve el 11 de septiembre del 73. Ese día se mezcló la alegría con el gusto amargo del golpe en Chile. Pero yo estaba seguro que acá no iba a pasar. Había vuelto a Perón a solucionar todo y estaba el pueblo en la calle. No iba a pasar. Eso creía.
Hoy he recibido el saludo cariñoso de seres muy queridos.
Hoy me escribió desde España (gracias a la magia de este facebuque) un ex alumno junto al cual y a otros treinta y nueve pibes vimos en el 79, a las siete y media de la mañana, y en el aula del quinto grado, el gol con el que Ramón Díaz selló el campeonato del mundo de juveniles en Japón. Y formamos una montaña humana sobre el piso del aula.
Hoy puse me gusta a muchos maravillosos mensajes de amigos del facebuque sobre nuestro día.
Hoy no pude, pero mañana le voy a dar un beso a mi vieja porque ella me enseñó con el ejemplo que si este laburo no se hace con alegría, no hay vocación que valga.
El primer festejo lo tuve el 11 de septiembre del 73. Ese día se mezcló la alegría con el gusto amargo del golpe en Chile. Pero yo estaba seguro que acá no iba a pasar. Había vuelto a Perón a solucionar todo y estaba el pueblo en la calle. No iba a pasar. Eso creía.
Hoy he recibido el saludo cariñoso de seres muy queridos.
Hoy me escribió desde España (gracias a la magia de este facebuque) un ex alumno junto al cual y a otros treinta y nueve pibes vimos en el 79, a las siete y media de la mañana, y en el aula del quinto grado, el gol con el que Ramón Díaz selló el campeonato del mundo de juveniles en Japón. Y formamos una montaña humana sobre el piso del aula.
Hoy puse me gusta a muchos maravillosos mensajes de amigos del facebuque sobre nuestro día.
Hoy no pude, pero mañana le voy a dar un beso a mi vieja porque ella me enseñó con el ejemplo que si este laburo no se hace con alegría, no hay vocación que valga.
domingo, 25 de agosto de 2013
Pequeña historia de un gran saqueo
En mi pueblo, Arrecifes, había dos canales de televisión locales. ¡Cómo me gustaba verlos! Entre programa y programa pasaban las propagandas del bar de la esquina y la fábrica de soda que estaba al lado de la casa de una tía.
Como había varias compañias de cable cada canal del pueblo les alquilaba los programas que quería o podía.
Pero cuando Cablevisión se quedó con todo alquiló su programación a uno solo de los canales.
Y el otro canal del pueblo tuvo que venderle a precio muy bajo la licencia que había conseguido con mucho trabajo.Y desapareció.
Quedó solamente emitiendo y festejando el otro canal. Claro, tenia que pagar más pero había eliminado a la competencia.
Al tiempo Cablevisión le retiró la programación al único canal que quedaba, quien le vendió la licencia a precio todavía más bajo. Algún mango tenía que salvar. Y desapareció.
Y desde entonces en mi pueblo, que ya es ciudad, el que tiene cable ve más de setenta canales emitidos por una sola compañia. Y en algún tiempo también miraba las tribunas de una cancha de fútbol si no agregaba algunos billetes a la ya elevada suscripción.
Lo que no pude seguir viendo desde que llegó Cablevisión a mi pueblo fueron las propagandas del bar de la esquina o las de la fábrica de soda. Igual no las vería porque el bar ahora es un Restó y la fábrica un Shoping. Así que no se de qué me quejo.
(Nota: esto es parte de lo que se está jugando con la ley de medios. El miércoles, a Tribunales)
Como había varias compañias de cable cada canal del pueblo les alquilaba los programas que quería o podía.
Pero cuando Cablevisión se quedó con todo alquiló su programación a uno solo de los canales.
Y el otro canal del pueblo tuvo que venderle a precio muy bajo la licencia que había conseguido con mucho trabajo.Y desapareció.
Quedó solamente emitiendo y festejando el otro canal. Claro, tenia que pagar más pero había eliminado a la competencia.
Al tiempo Cablevisión le retiró la programación al único canal que quedaba, quien le vendió la licencia a precio todavía más bajo. Algún mango tenía que salvar. Y desapareció.
Y desde entonces en mi pueblo, que ya es ciudad, el que tiene cable ve más de setenta canales emitidos por una sola compañia. Y en algún tiempo también miraba las tribunas de una cancha de fútbol si no agregaba algunos billetes a la ya elevada suscripción.
Lo que no pude seguir viendo desde que llegó Cablevisión a mi pueblo fueron las propagandas del bar de la esquina o las de la fábrica de soda. Igual no las vería porque el bar ahora es un Restó y la fábrica un Shoping. Así que no se de qué me quejo.
(Nota: esto es parte de lo que se está jugando con la ley de medios. El miércoles, a Tribunales)
miércoles, 21 de agosto de 2013
Cárcel Verde
Mediodía de sol.
Tengo un tiempito entre dos trámites que debo realizar en la zona.
Me encuentro de golpe frente al Parque Centenario. Mis ojos se llenan de verde y mis piernas se encaminan hacia su verde césped.
Quince minutos de verde descanso.
Cruzo la calle y recién entonces me encuentro con las verdes rejas. Pregunto donde está la entrada y me indican que debo caminar treinta metros. Lo hago apurando el paso porque apenas tengo quince minutos.
Voy a disfrutar de algo que no hago hace tiempo. Descalzarme, sacarme las medias y dejar que mis plantas disfruten del contacto con la tierra. Alguien me dijo una vez que en la ciudad sufrimos de "cementitis" y que tener un rato por día para tomar contacto con la tierra nos permite que nos libremos de tanto estres. No se si será verdad pero cuando me acuerdo y encuentro algún espacio verde en la ciudad lo practico.
Unas puertas de rejas verdes cerradas me impiden empezar el rito. Me dicen que debo caminar cuarenta metros más y casi troto porque se esfuman mis quince minutos.
No encuentro ninguna puerta, pregunto y medicen que no, que era para el otro lado, porque las puertas de este lado están cerradas.
Corro porque ya solo me quedan cinco minutos y no quiero perderme ese momento de disfrute.
No hay caso, no encuentro la entrada. Ya me alejé mucho y pasaron los quince minutos.
Hace bastante calor y estoy transpirado. Miro la fuente que me ofrece a la distancia su chorro de agua fresca. Veo ese bien cortado césped, esas personas que, por supuesto, han sabido encontrar la entrada. y que van felices caminando por los sinuosos y prolijos senderos.
Llegaré tarde a mi trámite. Seguro que pasó mi número.
Me aferro a las rejas verdes y grito: ¡Guardiaaaaa!.
Me siento un prisionero en una celda verde. El prisionero del lado de afuera.
Tengo un tiempito entre dos trámites que debo realizar en la zona.
Me encuentro de golpe frente al Parque Centenario. Mis ojos se llenan de verde y mis piernas se encaminan hacia su verde césped.
Quince minutos de verde descanso.
Cruzo la calle y recién entonces me encuentro con las verdes rejas. Pregunto donde está la entrada y me indican que debo caminar treinta metros. Lo hago apurando el paso porque apenas tengo quince minutos.
Voy a disfrutar de algo que no hago hace tiempo. Descalzarme, sacarme las medias y dejar que mis plantas disfruten del contacto con la tierra. Alguien me dijo una vez que en la ciudad sufrimos de "cementitis" y que tener un rato por día para tomar contacto con la tierra nos permite que nos libremos de tanto estres. No se si será verdad pero cuando me acuerdo y encuentro algún espacio verde en la ciudad lo practico.
Unas puertas de rejas verdes cerradas me impiden empezar el rito. Me dicen que debo caminar cuarenta metros más y casi troto porque se esfuman mis quince minutos.
No encuentro ninguna puerta, pregunto y medicen que no, que era para el otro lado, porque las puertas de este lado están cerradas.
Corro porque ya solo me quedan cinco minutos y no quiero perderme ese momento de disfrute.
No hay caso, no encuentro la entrada. Ya me alejé mucho y pasaron los quince minutos.
Hace bastante calor y estoy transpirado. Miro la fuente que me ofrece a la distancia su chorro de agua fresca. Veo ese bien cortado césped, esas personas que, por supuesto, han sabido encontrar la entrada. y que van felices caminando por los sinuosos y prolijos senderos.
Llegaré tarde a mi trámite. Seguro que pasó mi número.
Me aferro a las rejas verdes y grito: ¡Guardiaaaaa!.
Me siento un prisionero en una celda verde. El prisionero del lado de afuera.
domingo, 4 de agosto de 2013
Envido. Envido. Falta envido.Treinta y tres de mano. No son buenas.
Las encuestas dicen que al 33 por ciento de los porteños no les importa que este invierno los chicos de oncología del Hospital de niños se hayan quedado sin colonia de vacaciones por "falta de presupuesto".
Las encuestas dicen que al 33 por ciento de los porteños no les importa que desde hace años casi no se nombran ni enfermeras ni médicos en los hospitales públicos.
Las encuestas dicen que al 33 por ciento de los porteños no les importa que solo se hayan terminado dos escuelas primarias públicas en los últimos siete años.
Las encuestas dicen que al 33 por ciento de los porteños no les importa que la metropolitana le pegue a los enfermos mentales, que el espacio verde sea reemplazado por cemento y que a los que duermen en la calle le tiren sus pocas cosas en un camión de basura.
Lo que las encuestan no dicen es que la mayoría de ese 33 por ciento tiene pre-paga, usa el colegio privado, se recrea en clubes o countries, se asusta cuando ve a un morocho mal vestido y está deseando que aumente el subte para no viajar tan apretados.
En esta mano las treinta y tres de la falta no son mejores.
sábado, 20 de julio de 2013
Amistad
La amistad se me ocurre, es un puente
tendido entre caminos paralelos
dos rumbos
atraídos de repente
por un mismo diapasón en sus anhelos.
Un lucero
entre crepúsculos, velando
los misterios que palpitan en la vida.
El calor que nace saboreando
un café en la mesa compartida.
Un amigo es la certeza perentoria
de que hay algo más allá que nos reclama.
El recuerdo que vuelve a la memoria
de las sendas y las dichas olvidadas.
Es el tono fraterno, generoso,
que ignora reprochar, echar en cara,
y prefiere coincidir en el esbozo
de una
historia que espera ser contada.
Amistad es el nido y es el viento.
Un
amigo es el lago y el torrente.
Es la fértil matriz y el nacimiento
de la meta escogida libremente.
De Angel Eugenio Perrone, un amigo.
Para mis amigos.
Para mis amigos.
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